Análisis conductual aplicado y Método Denver

Teniendo en cuenta el nivel de prevalencia que presentan actualmente los Trastornos del Espectro Autista (TEA) y el aumento de intervenciones diferentes que involucran numerosos profesionales, surge la necesidad de implementar un tipo de abordaje global que tenga en cuenta las diferentes áreas afectadas, que sea coherente, y que incluya el entrenamiento de la familia.

Aquí encaja el Método Denver, un modelo de intervención conductual temprana para niños con autismo de 1 a 5 años de edad, creado en el año 2000 por Sally Rogers y Geraldine Dawson.

El método utiliza los procedimientos didácticos del Análisis Conductual Aplicado (ABA) y del Abordaje de entrenamiento en conductas pivotales (PRT- Pivotal respond trainng), entre otros. En este artículo nos centraremos en el Análisis Conductual Aplicado, que consiste en aplicar la ciencia del aprendizaje para ayudar a las personas a aprender nuevas conductas o cambiar las ya existentes, así como para reducir la frecuencia de las conductas no deseadas. 

Esta base se aplica tanto en las sesiones llevadas a cabo por el profesional, como a la hora de entrenar a las familias para que continúen con la estimulación temprana en el hogar.

Así, se entrena a las familias para que sean capaces de identificar y comprender los antecedentes, es decir, los acontecimientos que preceden de forma inmediata a una conducta, las conductas (las acciones del niño, dirigidas a conseguir un objetivo) y las consecuencias. Una vez comprendidos estos tres conceptos, las familias tendrán las herramientas necesarias para enseñar a su hijo o hija nuevas formas de comportarse que sean más adecuadas para su edad o más aceptables, aumentar el número de oportunidades de aprendizaje que existen potencialmente en las actividades diarias, y ayudar al niño a aprovechas al máximo dichas oportunidades (Rogers, Dawson y Vismara, 2010).

El primer paso consiste en prestar atención a lo que hace el niño, es decir, a la conducta, e intentar comprender qué motivo u objetivo está detrás de ella. Todas las conductas son funcionales, es decir, funcionan para la persona y les ayudan a conseguir un objetivo. 

Por norma general, las personas hacemos cosas o bien para conseguir algo que deseamos, o bien para evitar algo que no queremos y nos resulta desagradable.

A continuación, se entrena a los padres para que sepan elegir la consecuencia. Las consecuencias son las respuestas del entorno a la conducta de un niño, e influyen en la probabilidad con que el niño volverá a utilizar esa misma conducta para conseguir un objetivo determinado. 

Cuando una conducta va seguida de la consecución de un objetivo, es decir, de una consecuencia positiva, se refuerza. Cuando habitualmente no va seguida de la consecución de un objetivo, se extingue, y cuando va seguida de un acontecimiento no deseado que da como resultado la pérdida del objetivo, se castiga. Así, las conductas intencionadas de los niños se pueden reafirmar o debilitar según las consecuencias que obtengan.

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El tercer paso consiste en identificar el origen de la conducta, es decir, el antecedente. Las conductas suceden como respuesta a un estímulo, por tanto, si pensamos en una conducta que deseamos que desarrolle el niño, tenemos que pensar en qué acontecimiento del entorno debería disparar esa nueva conducta. De igual forma, es posible eliminar los antecedentes para ayudar a reducir las posibilidades de que suceda una conducta no deseada.

Observando, comprendiendo y utilizando adecuadamente los antecedentes y los consecuentes de la conducta de su hijo, las familias pueden mejorar las oportunidades de aprendizaje presentes en las actividades del día a día y enseñarle nuevas habilidades y conductas comunicativas adecuadas. 

Puede resultar útil preguntarse a uno mismo qué habilidades de comunicación posee el niño, si utiliza las conductas comunicativas más maduras de las que es capaz para indicar sus deseos, o si estamos proporcionando refuerzo constante a pesar de que el niño hace poco para comunicarse.

En definitiva, el Método Denver utiliza el análisis conductual aplicado no sólo para conseguir objetivos durante las sesiones de estimulación temprana, sino para empoderar a las familias y dotarlas de herramientas para que puedan enseñar estrategias a sus hijos de forma autónoma, reflexionando tanto sobre la conducta del niño como sobre la suya propia a la hora de proporcionar reforzadores. 

El método potencia así una de sus mayores ventajas, la flexibilidad en su implementación, pudiendo ser aplicado en numerosos y diferentes contextos significativos por el niño, de la mano de las personas que más tiempo pasan con ellos.

Referencias Bibliográficas:

– Martos, J., y Burgos, M. (2015). Trastornos del espectro autista. Una visión actual. En Arnedo, M., Montes, A., Bembibre, J., y Triviño, M. (2015), Neuropsicología infantil. A través de casos clínicos. Madrid: Editorial Panamericana.
– Rogers, S. J., & Dawson, G. (2010). Early Start Denver Model for young children with autism: Promoting language, learning, and engagement. New York, NY, US: Guilford Press.
– Rogers, S. J., Dawson, G. y Vismara, L. A. (2010). An early start for your child with autism. Using everyday activities to help ids connect, communicate, and learn. New York: The Guilford Press.