Alteraciones del sueño en el Autismo

El trastorno del espectro autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo con una importante repercusión a nivel cognitivo y comportamental que interfiere en múltiples áreas del funcionamiento de las personas. Entre los trastornos co-ocurrentes que repercuten de forma notable en el bienestar tanto del niño como de su familia se encuentran las alteraciones en el patrón de sueño.  

Estas alteraciones tienen una prevalencia muy elevada en los niños con TEA (Díez-Román et al., 2018) y las causas son todavía desconocidas. En los últimos años han surgido diferentes hipótesis, entre las que se encuentran una predisposición genética, la hipersensibilidad estimular y una producción inadecuada de la melatonina, la hormona encargada de regular los ciclos de sueño. Estas hipótesis requieren de mayor estudio y una confirmación basada en datos procedentes de investigaciones científicas.

Debido al desconocimiento del origen exacto de estas alteraciones en el sueño, es muy difícil afirmar con precisión qué tratamiento es el más eficaz. Las intervenciones más utilizadas son aquellas basadas en técnicas de relajación, la realización de ejercicio físico intenso, el control de la dieta, y los enfoques basados en la modificación de conducta y el control ambiental. Este último enfoque parece ser el que mejores resultados aporta, si bien se necesita mucho tiempo, paciencia y constancia para llevarlo a cabo.

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Entre las alteraciones más frecuentes destacan la dependencia de los padres para conciliar el sueño, presencia de rabietas o enfados cuando se les lleva a la cama o se despiertan por la noche, dificultad para conciliar el sueño, levantarse constantemente de la cama para buscar la atención de los padres, insistencia en dormir en la cama de sus padres y tendencia a despertarse excesivamente temprano.

Estas alteraciones no sólo dificultan el correcto descanso y el bienestar emocional del niño que las sufre (suele aumentar la probabilidad y frecuencia de las rabietas y los problemas de conducta, junto con la aparición de mayor irritabilidad), sino que también afectan al bienestar y el nivel de estrés familiar.

Siempre que exista un trastorno del sueño es fundamental realizar un registro diario durante algunas semanas que incluya los siguientes aspectos: alimentos y bebidas que consume el niño durante la cena, actividades realizadas una hora antes de irse a la cama, hora a la que se ha llevado al niño a dormir, conducta y reacciones en ese momento, respuesta de los padres al comportamiento del niño, número de veces que se ha despertado durante la noche, si ha dormido con sus padres, hora a la que se ha despertado al día siguiente, si hay tiempos de siesta durante el día, y número total de horas de sueño. 

Este registro permitirá no sólo identificar si hay alguna causa específica o factor externo condicionante que justifique las dificultades de sueño, sino también comprobar si el tratamiento puesto en marcha es efectivo.

A continuación, se describen algunas consideraciones generales que pueden resultar útiles a las familias:

  • Establecer y mantener de manera sistemática hábitos adecuados de sueño. La prevención es clave, por lo que se deben crear hábitos adecuados desde los primeros años de vida. Cambiar costumbres y rutinas una vez están establecidas es mucho más complicado.
  • Suprimir las siestas durante el día a partir de los 3-4 años de edad. Este criterio puede variar en función de las necesidades de cada niño, pero en general esa es la edad recomendada por los profesionales. Debemos garantizar que el niño llega cansado a la cama.
  • Crear una rutina corta y sencilla. A los niños en general, y especialmente a los niños con TEA, las rutinas les ayudan a sentirse seguros, anticipar lo que va a ocurrir y lo que se espera de ellos en cada momento. Por ello, se debe crear una rutina sencilla de 4-5 actividades que se lleve a cabo de manera sistemática y regular todas las noches como paso previo a irse a la cama. Una rutina adecuada podría ser: lavarse los dientes, leer un cuento en la cama, apagar la luz, dormir. Se recomienda mostrar de forma visual la rutina establecida utilizando apoyos visuales sencillos, como los pictogramas.

  • Evitar actividades muy estimulantes en las dos horas previas a acostarse. En su lugar se recomiendan actividades tranquilas y relajantes como darse un baño caliente, escuchar música tranquila o recibir un masaje.

  • Adaptar las condiciones estimulares a las características del niño. Los niños con TEA pueden presentar hipersensibilidad a determinadas modalidades sensoriales y sentirse sobrecargados ante algunos estímulos como la luz, los sonidos o el tacto. Es importante conocer el perfil sensorial del niño y adaptar el entorno en consecuencia (evitar roces de etiquetas, gomas de pijama demasiado apretadas, luces que entran desde el pasillo, ruidos…etc)

  • Establecer una asociación clara y firme entre la cama y la conducta de dormir. Es habitual que los niños utilicen la cama como lugar de juego y diversión, y una vez establecida la contingencia entre la cama y el juego puede resultar difícil de romper. Para romper esa relación y crear el hábito de utilizar la cama sólo para dormir es necesario reconducir el juego cuando se produzca (verbalmente y con apoyo visual) hacia un lugar más apropiado.

  • Retrasar el tiempo de irse a dormir para asegurar que el niño llega cansado a la cama. Principalmente durante las primeras fases de la intervención, puede llegar a ser necesario retrasar el tiempo de irse a la cama para asegurar el cansancio y poco a poco volver a ajustarlo según las necesidades del niño.

  • Elegir cuidadosamente el momento más adecuado para comenzar la intervención. Generalmente las primeras semanas suelen ser complicadas, y puede aumentar la intensidad y duración de los llantos y las rabietas, alterando el descanso del niño y sus padres. Por ello, es importante planificar el inicio para un momento en el que no haya grandes acontecimientos a nivel familiar. Las vacaciones y fines de semana son los mejores momentos para abordar estas dificultades.

Referencias bibliográficas:

  • Equipo DELETREA. Martos Pérez, J., Llorente Comí, M., González Navarro, A., Ayuda Pascual, R., y Freire, S. (2016). Los niños pequeños con Autismo: soluciones prácticas para problemas cotidianos. Madrid: Editorial CEPE
  • Díaz-Román, A., Zhang, J., Delorme, R., Beggiato, A. y Cortese, S. (2018). Sleep in youth with autism spectrum disorders: systematic review and meta-analysis of subjective and objective studies. Evidence Based Mental Health, 21(4), 146-154

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