Intervención en el Trastorno Específico del Lenguaje (TEL)

El Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) es uno de los trastornos con más prevalencia de entre las dificultades del aprendizaje afectando a un 7% de la población. En líneas generales, el TEL se caracteriza por una afectación en la adquisición del lenguaje oral sin que vaya acompañado de déficits cognitivos, sensoriales, alteraciones neurológicas, un mal funcionamiento o configuración de los órganos implicados en el habla, o por síntomas de una interacción social recíproca alterada. 

Las pruebas neuropsicológicas y logopédicas que se utilizan para el diagnóstico del TEL son variadas y valoran diversos aspectos (principalmente relacionados con el lenguaje). Entre otras, se utilizan pruebas tales como el Test de comprensión de estructuras gramaticales (CEG, de Mendoza, Carballo y Fresneda, 2005), la Batería de lenguaje objetiva y criterial (BLOC, de Puyuelo, Solanas y Wiig, 2002) o el Test Illinois de aptitudes psicolingüísticas (ITPA, de Kirk, McCarthy u Kirk, 2004).

En numerosas ocasiones, el TEL está en la base del fracaso escolar. De hecho, entre el 60% y el 80% de los niños/as con historia de TEL manifiestan dificultades en la lectura y un bajo rendimiento académico a los 9 años (Llorenc, Aguado, Pera, Claustre y Sanz-Torrent, 2013). Esta es una de las principales razones por las que realizar intervenciones eficaces y de calidad a los niños/as que presentan TEL es imprescindible. Sin embargo, el hecho de que el TEL sea un trastorno heterogéneo impide plantear una guía que sea útil para todas las modalidades en que se presenta este trastorno.

En líneas generales, las estrategias empleadas en el tratamiento del TEL consisten en aumentar la frecuencia con que determinados objetivos lingüísticos se presentan al niño, ofreciéndole un acceso inmediato al modelo correcto. Entre las más frecuentes (extraído de Montes, López y Fernández, 2015):

  • Imitación elicitada. Consiste en la repetición literal inducida de una palabra o de una frase. Es una de las estrategias más utilizadas en la intervención. Sin embargo, tiene bastantes limitaciones debido a que es un procedimiento muy directivo. Su uso está recomendado, sobre todo, en el trabajo de los aspectos fonológicos y morfosintácticos.
  • Es un proceso de aprendizaje basado en la observación, en el que el modelo sirve de estímulo para generar conductas nuevas en el observador. Es similar a la imitación, pero no se demanda al niño que repita el estímulo verbal. Por ejemplo, se observa una foto de una flor y se verbaliza “la flor está plantada en el campo”. Dentro de este procedimiento existen algunas variantes, tales como:
  • Estimulación focalizada: exposición continuada y repetitiva de un estímulo o grupo de estímulos, con un modelo correcto para aumentar el número de exposiciones del niño/a a la palabra o frase. Tiene su fundamento en la alta frecuencia con que se presenta la forma lingüística y en la ausencia de ambigüedad de los contextos en los que esa forma es empleada (Aguado, 1999). Por ejemplo, el adulto dice: “fíjate me he comprado un helado y mi hermano un chicle; ¿tú has comprado algo?”.
  • Autoconversación. El adulto conversa consigo mismo mientras realiza una actividad. Por ejemplo: “estoy haciendo una tarea en el ordenador y después iré a tomar una ensalada para cenar”. Esta estrategia es especialmente útil para aumentar el vocabulario.
  • Habla paralela. Se comenta lo que está haciendo el niño/a en el momento preciso. Por ejemplo, “fíjate que estás coloreando el dibujo de rosa”. La ventaja con respecto a la autoconversación, es que tenemos la certeza de que el niño/a está atendiendo a ese estímulo al que hacemos referencia.
  • Reformulación. El adulto repite un enunciado incorrecto emitido por el niño/a corrigiéndolo desde el punto de vista fonológico, morfosintáctico o léxico. Ejemplos: el niño dice “me gustan las fufes”, y el adulto responde “sí, te gustan las chuches”. La niña dice “rojo tobogán” y el adulto responde “sí, el tobogán es rojo”.
  • Expansión. El adulto efectúa una repetición ampliada de un enunciado emitido por el niño o la niña en el que se incorporan términos léxicos más complejos desde el punto de vista gramatical. Se debe intentar que los modelos sólo sean ligeramente más complejos de lo que es capaz de emitir el niño/a en cuestión. Por ejemplo, el niño/a dice “parque jugar” y el adulto comenta “si, quieres ir al parque a jugar”.

En líneas generales, la intervención neuropsicológica del TEL irá encaminada al trabajo en las diferentes dimensiones del lenguaje, tanto en la esfera expresiva como receptiva, haciendo especial hincapié en fonología y morfosintaxis. Se pueden emplear técnicas como las descritas previamente. Además, las dificultades verbales pueden ser compensadas con otros procesos o funciones preservadas. Es necesario prestar atención al modo en que se produce el desarrollo del lenguaje (y del resto de procesos cognitivos) en cada caso particular, y por consiguiente, adaptar el tratamiento a dichas características para poder optimizar los resultados.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Llorenc, A., Aguado, G., Pera, Claustr, M., y Sanz-Torrent, M. (2013). El Trastorno Específico del Lenguaje. Diagnóstico e intervención. Barcelona: Editorial UOC.
  • Aguado, G. (1999). Trastorno especifico del lenguaje. Retraso de lenguaje y disfagia. Málaga: Editorial Aljibe.
  • Montes, A., López, R., y Fernández, N. (2015). Trastorno fonológico-sintáctico del lenguaje El “cincipito”. En Arnedo, M., Montes, A., Bembibre, J., y Triviño, M. (2015), Neuropsicología infantil. A través de casos clínicos. Madrid: Editorial Panamericana.
Alba Martinez

Neuropsicóloga Infantil y Maestra de Pedagogía Terapéutica

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