Alteraciones conductuales en TEA.

Como bien hemos hecho referencia en diversas ocasiones en otros artículos, uno de los síntomas comórbidos asociados al Trastorno del Espectro Autista son los problemas de conducta, siendo éste una de las mayores preocupaciones a las que se enfrentan las familias, tanto en el contexto doméstico como escolar. A través del presente artículo trataremos de proporcionar una explicación funcional de la aparición de dichas comportamientos en personas con TEA, su mantenimiento en el tiempo, así como la evaluación de las mismas y los diferentes tipos de tratamientos.

Dentro de las conductas problemáticas en autismo podemos citar como las más frecuentes: rebeldía ante órdenes, ruptura de normas sociales, agresividad verbal y física y emocionalidad extrema. Su aparición suele provocar estigmatización social, así como gran nivel de estrés emocional en el ámbito familiar, lo cual deriva en conductas de represión física o verbal, que tienen como consecuencia el mantenimiento o incluso el aumento de la conducta problemática por parte del niño/a con autismo.

Existen una serie de síntomas nucleares propios del TEA, como pueden ser las dificultades sociocomunicativas, las estereotipias y las alteraciones sensoriales, que, junto con otros comórbidos, ejercen influencia en la aparición de los trastornos de conducta. Todos los síntomas citados, se traducen en incomprensión ajena, exceso de las demandas del entorno, interacciones inadecuadas por falta de habilidades sociales, inflexibilidad cognitiva, frustración por falta de recursos comunicativos, conductas obsesivas, déficit de autogestión emocional, carencia de recursos cognitivos compensatorios, de planificación y predicción, e interpretaciones erróneas de la intencionalidad ajena. El resultado de todo este proceso acaba dando lugar a la manifestación de conductas disruptivas y disfuncionales, las cuales podrán ser abordadas a través de un análisis funcional, mediante el uso de registros. Gracias a él obtendremos información del contexto, para identificar cuál es el fin de la conducta manifiesta, así como todos los factores que influyen en su aparición. Para ello, debemos (Hervás y Rueda, 2018):

  1.  Identificar, definir y operativizar la conducta problemática.
  2.  Funcionalidad de la conducta.
  3. Factores desencadenantes del entorno.
  4. Consecuencias.
  5. Frecuencia e intensidad de la conducta.
  6. Conducta alternativa que cumpla la misma función y determinar reforzadores de la misma.

TRATAMIENTOS

Se conocen diferentes intervenciones para abordar dicha problemática, según las diversas manifestaciones conductuales (Hervás y Rueda, 2018), siendo la intervención psicoeducativa la protagonista y base del tratamiento. En ella, se realizará un plan de intervención funcional de extinción progresiva de conductas no deseadas, y reforzamiento de las que queremos mantener.

En casos de desregulación emocional, se pueden poner en práctica una serie de estrategias basadas en la modificación del entorno, estructuración, emocionalidad positiva e intervenciones basadas en consecuencias. Cabe hacer referencia en este punto la importancia del Apoyo Conductual Positivo (ACP), del que hablamos en otro de nuestros artículos.

Por otro lado, contamos también con la intervención farmacológica, la cual se combina con la psicoeducativa para obtener mejores resultados. Dicha intervención, no resulta efectiva para el tratamiento de los síntomas propios del autismo, pero sí para los trastornos y problemas asociados.

Una de las mayores preocupaciones de los educadores de estos niños y niñas reside en cómo abordar los problemas de conducta que manifiestan. Los ámbitos afectados por estas alteraciones comportamentales son tan diversos como contextos situacionales se nos puedan ocurrir aunque, con frecuencia las estrategias que se han de poner en práctica van a ser similares. Uno de los ámbitos que genera mayor problemática es la escuela, ya que continuamente se han de seguir unas normas y actividades establecidas, las cuales implican casi en su totalidad la interacción entre los miembros del centro.

Es de suma importancia que exista una adecuada coordinación y comunicación entre los diversos profesionales que trabajan con el/la menor, con el fin de llevar a cabo las mismas metodologías y estrategias, para la consecución de objetivos comunes. Martos et al. (2012) citan algunas recomendaciones sobre la intervención en el aula:

  • Uso de herramientas visuales que ayuden a la comprensión de las diferentes rutinas, normas o cambios que se produzcan en ámbito escolar. Empleando la anticipación y estructuración de todas las actividades posibles mediante agendas visuales.
  • Promover la relación e interacción con otras compañeras y compañeros, mediante actividades agradables y de su interés, reforzamiento positivo y siempre desde una anticipación y estructuración de la tarea.
  • Fomentar la concienciación y una actitud de ayuda por parte de los compañeros y compañeras de clase. Favorecer el empleo de un lenguaje conciso, concreto y claro.
  • Es importante también evidenciar y premiar sus logros, para mantener una autoestima positiva y evitar así episodios ansiedad o depresivos, trastornos que son tan prevalentes en el TEA, especialmente en el autismo de alto funcionamiento.

Una tarea laboriosa suele ser la cuantificación de conductas problemáticas, identificar sus antecedentes y consecuentes, así como la búsqueda de conductas alternativas que cumplan la misma función. Esto, sumado al desconocimiento existente acerca de la manifestación conductual de dicho trastorno, nos puede llevar a pensar erróneamente que el niño o niña se comporta de esa manera por “capricho”, “rabieta” o simplemente, por haber recibido una “mala educación”. Este tipo de comportamientos suele responder a: una falta de recursos y alternativas para reaccionar de un modo distinto; desconocimiento de lo que son conductas socialmente aceptadas; percepción e interpretación distorsionada de la realidad; y baja tolerancia a la frustración.

Además, tal y como afirma Rivière (2004), las personas empleamos la comunicación y el lenguaje como método de regulación y control de la conducta. Encontrándose alterado este aspecto en personas con TEA, resulta comprensible que empleen sus propias estrategias compensatorias que les permitan regular sus emociones, aunque aún, socialmente, sean consideradas desajustadas.

Y… ¿POR DÓNDE EMPEZAMOS?

Una de las estrategias que plantea la intervención psicoeducativa, con gran impacto positivo, son las adaptaciones del entorno, siguiendo la metodología TEACCH, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones.
El aprendizaje, el desarrollo y la calidad de vida del niño o niña con autismo, mejora considerablemente con la modificación de algunos hábitos en la escuela o en la casa, aunque no siempre resulta fácil implantar todos los cambios que son necesarios, ni determinar cuál es el grado óptimo de modificación. Por un lado, como citan Hervás y Rueda (2018), “una excesiva adaptación evitando todos los estímulos que les alteren, puede conllevar un aislamiento de la persona”, pero además, en el futuro van a encontrar un mundo que no está amoldado a sus demandas.

Impera la necesidad de llevar a cabo una reeducación social basada en la concienciación para que podamos crear un mundo más confortable y accesible, en el que el objetivo principal de la educación escolar no sea de carácter tan académico, sino más enfocado al desarrollo personal. Es por ello que el entorno educativo debería ser un espacio de aprendizaje, del que se obtuvieran las herramientas necesarias para aprender a convivir en sociedad. En él, podrán encontrar una serie de adaptaciones y facilidades que han de retirarse de manera progresiva.

Todo esto ha de ser un plan de intervención individualizado, consensuado, organizado y establecido tanto por los docentes, como los diferentes profesionales que trabajan con el/la niño/a. La meta de todas estas actuaciones siempre será la mejora de la calidad de vida de las personas con TEA y el fomento de su autonomía.

BIBLIOGRAFÍA

Arnedo M, Bembibre J, Montes A, Triviño M. (2015). Trastornos del espectro autista y autismo. En Martos J., Burgos M.Á., Carrillo de Albornoz R. (Ed.), Neuropsicología infantil, a través de casos clínicos (259-302). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Clofent, M., Hernández, M.A., Montero, M., Palau, M., Salvadó, B. (2012). Modelos de intervención global en personas con trastorno del espectro autista. Revista de Neurología, 54(1): S63-71.

Hervás, A., Rueda, I. (2018). Alteraciones de conducta en los trastornos del espectro autista. Revista de Neurología, 66(1): S31-38

Elena Garcia

Psicóloga Infantil

«Formación Online Buenas prácticas para la inclusión educativa de alumnos con autismo»

29-30 Septiembre – 1 Octubre

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