Hoy os traemos una entrada eminentemente práctica centrada en la educación emocional de los niños con TEA u otros trastornos del desarrollo.

Es evidente que para los niños e incluso adultos, saber reconocer una emoción y ponerle nombre, no es tarea fácil, y si además, debemos controlar y gestionar esa emoción, implica aún mayor dificultad.

Sin embargo, ponerle nombre a las emociones nos permite poder hablar de lo que ocurre en nuestro interior, y cuales son los signos que rodean a esa emoción.

En las personas con TEA, existe un trastorno en las funciones ejecutivas que dificulta la comprensión emocional, necesitando entrenamiento explicito. Como sabemos, son frecuentes las dificultades a la hora de iniciar o responder a situaciones sociales, mantener conversaciones o compartir intereses, emociones y afecto.

El termómetro emocional es una excelente herramienta para facilitar la comunicación por medio de pictogramas, y por medio de él, nuestros alumnos comprenden que los estados de ánimo son sensaciones pasajeras, que varían a lo largo del día. Cuando los alumnos aprenden su funcionamiento, indican con facilidad cómo se encuentran incluso si no tienen lenguaje. A partir de ahí, la profesora, maestra, padre/madre o cuidador puede iniciar una conversación para saber por qué se encuentra así y crear estrategias de mejora.

Esta herramienta, de sencilla elaboración y manejo, facilita el desarrollo de las siguientes capacidades:

1.Identificación de expresiones faciales

2.Comprensión de la relación entre situación y emoción

3.Comprensión de la relación entre deseo y emoción

4.Comprensión de la relación entre emoción y pensamiento

5.Una situación y diferentes emociones

6.Identificación, la comunicación, la construcción de frases, la narración, conversación, etc.

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Podemos representar desde estados de ánimo básicos como alegría-tristeza, pasando por emociones más complejas como aburrimiento o decepción, hasta estados de salud, como fiebre, dolor de cabeza, y un largo etcétera.

Esta flexibilidad es lo que hace tan eficaz a esta herramienta, tanto en funciones como en niveles de complejidad.

También en alumnos algo más mayores o con mayor capacidad de asociación, podemos combinar dos o mas termómetros. Por ejemplo, uno para el estado de animo y otro para el síntoma físico asociado, de modo que fomentemos la asociación de ambas sensaciones.

Para ello, la primera pregunta que nuestro alumno debe aprender a responder es “qué sientes” señalando en el termómetro la cara que más sea ajuste a su estado de ánimo en este momento. Para ello, Autismo Navarra nos propone presentar el material de trabajo y comentarlo así:

“Mira, (nombre del niño), la niña está contenta” y reforzábamos la afirmación con mímica de estar contento. Colocábamos la imagen encima de la mesa. A continuación presentábamos el dibujo del smily contento. “Mira, es un Don Contento”, y lo colocábamos encima del dibujo grande con la niña contenta”. Se procede igual para el resto de las emociones.

Una vez el alumno haya aprendido este primer paso, podemos pasar a la siguiente pregunta “¿Dónde lo sientes?” Por ejemplo, es probable que si me encuentro furiosa tenga dolor de cabeza, no exista la sonrisa y mi cuerpo esté tenso.

La última y tercera pregunta, que debemos comenzar a trabajar una vez se dominen las dos anteriores, está dirigida a identificar qué es aquello que nos ha producido esa emoción: “¿Por qué te sientes así?” pretendemos que el niño sea capaz de identificar qué estados emocionales se producen en diversas situaciones (anticipar la emoción que se producirá), así como ser capaz de explicar la relación causal entre situación y emoción

Un paso posterior sería asociar la emoción al estado mental de otra persona. Éste es el paso de mayor complejidad en el trabajo de las habilidades socio-emocionales ya que implica resolver y analizar situaciones basadas en los estados mentales de otras personas, con las consiguientes dificultades que esta cuestión genera a estos alumnos.

Para poder abordarlas, es   necesario   que sean capaces de reconocer y de asociar causa/consecuencia/emoción en diferentes contextos, solo entonces podremos iniciar el aprendizaje de atribuir pensamientos/estados de ánimo a otras personas. También es necesario que los niños conozcan términos mentales (pensar, creer, imaginar…), ser capaces de emplear bocadillos y nubes de pensamientos y tener ciertas habilidades de Teoría de la Mente que les permita diferenciar las creencias de otros de las propias.

Si os parece interesante, podéis personalizar vuestro propio termómetro emocional a partir del grado de desarrollo a través de los enlaces que os facilitamos:

En la web de ARASAAC disponemos del material necesario para construir nuestro propio termómetro de emociones:

http://arasaac.org/materiales.php?id_material=1269

Y en este enlace de Autismo Navarra disponemos de valiosísimo material: http://www.autismonavarra.com/wp-content/uploads/2015/09/Aprendiendo_a_conocer_emociones_y_sentimientos_ARASAAC_Soyvisual.pdf

Complementariamente, y también desde Autismo Navarra, disponemos del Imaginario de los Sentimientos de Félix:

http://www.autismonavarra.com/wp-content/uploads/2012/03/El-Imaginario-De-Los-Sentimientos-De-Felix.pdf

Esperamos que os sea útil.

Para saber más:

https://elplanetariodeladiversidad.wordpress.com/2016/03/08/el-termometro-de-las-emociones/

https://www.redcenit.com/desarrollar-la-conciencia-emocional-con-el-termometro-de-las-emociones/

www.aprendicesvisuales.com.

Maseda, M (2013). El autismo y las emociones. La Teoría de la Mente en los niños/as autistas. Su afectación dentro del ámbito emocional. Barcelona. Dipòsit Digital:(http://hdl.handle.net/2445/48217)