El tiempo de recreo es un momento de la jornada escolar con la misma o mayor importancia que el resto de momentos, puesto que favorece el desarrollo de la afectividad, imaginación, mentalismo, comprensión social, lenguaje y el ocio, a través de algo tan complejo como son las interacciones con otros iguales, medio que, con el paso de los días, llevan a las tan necesarias relaciones significativas.

Sin embargo, tal como advierte Autismo Sevilla, el recreo entendido como un momento de descanso, alejado de los contenidos curriculares y académicos, ha hecho que en algunas ocasiones, no fuera un periodo donde se continuara fomentando el aprendizaje y el desarrollo personal del alumnado. Sin embargo, diferentes normativas nacionales y autonómicas, establecen que “el horario lectivo del alumnado en el segundo ciclo de educación infantil, educación primaria y en los centros específicos de educación especial será de veinticinco horas semanales que incluirán dos horas y media de recreo distribuidas proporcionalmente a lo largo de la semana”. Esta realidad justifica que el recreo sea un espacio y un entorno lectivo donde los objetivos de aprendizaje y la acción tutorial deben promover de forma individualizada aquellos contenidos que cada alumno pueda necesitar para su pleno desarrollo social y afectivo.

En este marco, debemos tener en cuenta que el alumnado con TEA, debido a sus dificultades en habilidades sociales, inflexibilidad e intolerancia a la falta de estructura es un grupo vulnerable en este aspecto, el recreo se convierte en el momento de la jornada escolar en el que se pueden poner de manifiesto sus dificultades, espacialmente por la falta de estructura y lo complejo que les resulta interaccionar. El alto nivel de estimulación (especialmente visual y auditiva pero también del resto de sentidos) no hace más que acrecentar sus dificultades. Por ello, es un colectivo proclive a mostrar tiempos de aislamiento y/o interacción negativa elevados durante este tiempo de recreo, derivando en actividades poco funcionales en unos casos o en comportamientos hacia otros iguales poco ajustados socialmente.

Es por ello que el juego supone uno de los aspectos prioritarios a abordar en cualquier programa de intervención profesional y educativo (Martos, Ayuda, Freire, González y Llorente, 2014). En el contexto educativo, tener muchos apoyos no implica necesariamente una adecuada atención educativa, sino que estos apoyos deben estar orientados a las necesidades reales del alumno, en los contextos y momentos en los que más lo necesita. Y probablemente, para un alumno con TEA, el contexto del recreo sea el que supone el mayor reto.

Diversos autores apuntan que “el foco no debe limitarse sólo a las habilidades que pueda desarrollar el niño/a con TEA para interaccionar con los demás, sino también en ´como mejorar las competencias de los otros niños y cómo disponer de entornos sociales para facilitar su comprensibilidad y la inclusión del niño con TEA” (Zamora y Vidriales, 2014).

Proyectos como “¿A qué jugamos?” surgen de observar diferentes casos de aislamiento durante los períodos de recreo. Toman como referencia proyectos anteriores como el programa de Patios y Parques Dinámicos de Gey Lagar, el cual comenzó a funcionar por primera vez en el año 2011 en Oviedo, con la finalidad de promover la inclusión social en el contexto escolar durante el tiempo de recreo, y eliminar el acoso.

Se trata, en la medida de lo posible, de ayudar al alumno con TEA para que adquiera comportamientos propios de su edad, para favorecer así al máximo su inclusión social, siempre teniendo en cuenta la importancia de ir retirando los apoyos que brindemos a medida que no los necesite.

Por tanto, Autismo Sevilla nos indica que la intervención ha de tener dos enfoques: uno centrado en el alumno con TEA y otro centrado en el contexto que le rodea, a través de distintos niveles de concreción: centro, aula y el propio alumno, teniendo en cuenta que contra más actuaciones desarrollemos en el contexto (centro y aula), menos significativa será a nivel individual.

A nivel de centro, el claustro de profesores debe contar con información/ formación sobre las características psicológicas y comportamentales de los alumnos con TEA, pues es la vía para que puedan detectar cuáles son sus necesidades y ofrecerles el apoyo que necesiten en cada caso. Las actuaciones y vías de intervención y sensibilización deberán estar plasmadas en el proyecto educativo.

A nivel de grupo-clase, es necesario desarrollar acciones tutoriales que favorezcan el respeto y la aceptación de todas las diversidades funcionales (no solo las relacionadas con los TEA) presentes en la comunidad educativa. A este respecto, el modelo que ofrezcamos los profesionales será fundamental para el resto de compañeros (pues podrán imitarnos y ofrecerle también los apoyos que necesite de forma natural).

Ya a nivel individual, se postulan unas fases para su inclusión social, que Autismo Sevilla ilustra de la siguiente forma, y que desarrollaremos en siguientes artículos. :

Para saber más:

Guía Aprendo en el Recreo (Autismo Sevilla)

Proyecto “¿A qué jugamos?” Inclusión del alumnado con TEA en el tiempo de recreo en centros escolares