¿Qué es aquello que nos distingue de otras especies?

Ante esta pregunta, con frecuencia pensamos en el lenguaje, ya que es lo más fácilmente observable. Sin embargo, este es sólo la punta del iceberg. Existe otra habilidad subyacente aún más importante, pues permite el desarrollo lingüístico: la teoría de la mente. En este artículo pretendemos explicitar la relación entre ambos, así como la importancia de trabajar la función social del lenguaje, como base del desarrollo de habilidades mentalistas.

Para comunicarnos con los demás de forma correcta, disponemos de una habilidad llamada pragmática, o uso social del lenguaje. Gracias a ella podemos comunicarnos de forma flexible, dependiendo de la situación en la que nos encontremos. Por ejemplo, no hablamos de la misma manera si nos encontramos hablando a nuestro público como ponente, que si disfrutamos de un café relajadamente con nuestros amigos.
Pero, ¿qué pasa cuando esta flexibilidad se ve afectada? En estos casos, las diversas habilidades pragmáticas se vuelven rígidas, alterando el uso social del lenguaje, y comprometiendo las habilidades sociales y comunicativas. Es la “ceguera mental” de la que habla Baron-Cohen (1995).

Las habilidades que pueden estar alteradas son diversas:
Cinética y expresión facial: uso y comprensión de los gestos;
Proxémica: uso de la distancia y del espacio al interactuar con los demás;
Intención o propósito de la comunicación;
Mantenimiento de la mirada en nuestro interlocutor (mirada recíproca);
Facultades conversacionales como el intercambio de turnos;
Variación estilística de nuestra habla a los diferentes interlocutores;
Presuposiciones sobre lo que ya sabemos o presuponemos que el interlocutor sabe.
Topicalización: introducir temas, mantener o cambiar un tema…
Solicitar o proporcionar aclaraciones.

Este desarrollo pragmático es el resultado de otra habilidad humana menos visible directamente: la Teoría de la Mente, la cual es adquirida en torno a los 4 años, y nos permite identificar e interpretar sentimientos, creencias, deseos y pensamientos en nosotros mismos y en otras personas. Es, en definitiva, la capacidad para “ponerse en el lugar del otro”, y así comprender por qué los demás actúan como actúan, lo cual es indispensable para cooperar, comunicar, y también engañar y evitar ser engañados.

El déficit en la Teoría de la Mente, y en su manifestación más inmediata, el lenguaje pragmático, explican en gran medida las dificultades que presentan las personas con TEA en el área social. Por ende, una importantísima vía para desarrollar la Teoría de la Mente en estos niños es el trabajo de los aspectos pragmáticos de lenguaje, especialmente los más afectados en el espectro TEA (Flores y Belinchón, 1995, Rivière, 1996):

Turno de palabra: para que funcione la alternancia, es necesario que quien escucha monitorice el discurso de su interlocutor a fin de predecir cuándo va a comenzar su turno, a través de claves como la prosodia, cualidad interpretativa que se encuentra afectada en el TEA y que necesita enseñanza explicita.
Inicios de conversación: para introducir un tópico o tema de conversación es necesario primero saber qué se quiere decir y cómo se puede decir, identificar en qué momento la atención del interlocutor está en disposición receptiva, y el grado de interés en la conversación. Es necesario entonces trabajar los indicadores clave que nos lo indican: contacto ocular, marcadores no verbales etc.
Lenguaje figurado: metáforas, dobles sentidos, ironía, significados implícitos y formas de cortesía pueden convertirse en fuertes barreras comunicativas para las personas con TEA, y que en el aula nos aleja de este tipo de alumnado, pues al faltar un referente lógico claro y transparente, el niño desconecta de la coherencia del discurso. De nuevo es preciso comprender la mente del otro para participar en el intercambio, ya no solo de ideas, sino también de emociones, lo cual lleva a la necesidad de una enseñanza interpretativa del lenguaje, no de lo que se dice, sino de lo que se quiere decir.
Identificar y comprender emociones a través de sus formas de expresión verbales y no verbales en otras personas, y a través de los sentimientos que él mismo experimenta.
– Comprensión de verbos mentalistas trabajar el entendimiento de verbos como “pensar” o “imaginar” como vía para descentrar su pensamiento.

Este es un aprendizaje que deberá ser adaptado de forma individualizada, pues el espectro autista se manifiesta de forma diferente en cada persona, además de influir otras variables como son el nivel cognitivo, atencional o punto de desarrollo en el que se encuentre. No obstante, algunos objetivos generales pueden ser:
– Identificación de objetos y personas
– Seguimiento de instrucciones y órdenes.
– Desarrollo de la capacidad de nombrar y describir.
– Desarrollo de la expresión de necesidades, deseos, órdenes e ideas.
– Capacidad de responder y formular preguntas.
– Capacidad de secuenciación, primero de forma gráfica, y posteriormente como forma de presentación de sus experiencias.

En definitiva, la enseñanza explicita de aquellas competencias para percibir e interpretar los detalles de la comunicación puede ser la base para la capacidad de aprender de los demás, y poder de esta manera enfrentar con mayor éxito situaciones cada más complejas.

Bibliografía:
Flores, V. y Belinchón, M. (1995) La incompetencia pragmática de personas con autismo y sindrome de Down: problemas de comprensión de actos de habla indirectos. En Actas del VIII Congreso Nacional de AETAPI. Murcia.
Belinchón, M. (1999) Lenguaje no literal y aspectos pragmáticos de la comprensión. En: de Vega M. y Cuetos, F. (Coord.) Psicolingüistica del español. Madrid: Trotta.
Escavy, R (2013) La dimensión pragmática y la teoría de la mente. Revista de Investigación Lingüística, nº 16 (2013); pp. 11-42 ISSN: 1139-1146 Universidad de Murcia
Valdez, D (2001)Teoría de la Mente y espectro autista. Instituto de Terapia Cognitiva INTECO – Santiago de Chile.