Seguro que en alguna ocasión te has encontrado en alguna situación en la que los demás se han comportado de forma impredecible, extraña, o lejos del comportamiento que tú esperabas. ¿Cómo te sentiste? Quizás confuso/a, nervioso/a, enfadado/a o incluso asustado/a.

Fácilmente esas son las emociones que afloran ante la impredictibilidad. Desde muy pequeños nuestro cerebro intenta predecir el comportamiento de los demás, algo sumamente adaptativo, pues a través de esta habilidad, que además continuamos desarrollando a lo largo de toda la vida, podemos adelantar consecuencias, calcular nuestros actos, esquivar engaños… y engañar.

Pero, ¿cómo se desarrolla esta capacidad? A partir de los 4 años aproximadamente, el niño neurotípico puede entender que los demás tienen pensamientos, intenciones y deseos que no son los suyos, y que además, actuará conforme a ellos. Es lo que llamamos Teoría de la Mente (ToM en adelante).

Los niños con autismo, sin embargo, no adquieren esta habilidad con la misma facilidad. Esto es, no entienden espontáneamente que los demás están pensando y sintiendo de forma diferente a la propia. Entonces, esas emociones de las que hablábamos líneas más arriba surgen en multitud de circunstancias, sumiéndoles en un mundo incomprensible e imprevisible, algo que contribuye a su aislamiento. No entienden las reacciones de sus compañeros, familiares, o maestros, los cuales, a su vez, no les entienden a ellos.

Las consecuencias visibles cambian en función de cada persona. Puede ser un berrinche, un deseo de escape de la situación, un llanto, una crisis de ansiedad, una necesidad de inmodificabilidad del ambiente, o simplemente un silencio e inmovilidad persistente…. Todas reacciones lógicas, ante tal incomprensión del entorno.

Las investigaciones sobre la ToM han sido muchas en los últimos años, y hoy conocemos que aunque los niños TEA tardan más en adquirirla, al llegar a la edad adulta sí que la han desarrollado.

El origen de todas las investigaciones recae en una prueba específica, de la que hablaremos en este artículo. Se trata del Test de Sally-Anne, o tarea de “creencia falsa”, diseñada por Barón-Cohen y cols (1985), la cual, como veremos, ha generado multitud de investigaciones y conocimiento.

En el experimento, cada niña o niño observan la representación de una historia en un teatrillo de títeres. Sally tiene una cesta y Anne tiene una caja. Sally coloca una canica en su cesta y se marcha de la habitación. Cuando Sally se va, Anne saca la canica de la cesta y la coloca en su caja. Por último, Sally vuelve a la habitación. Entonces se le pregunta a cada niña o niño: “¿dónde buscará Sally su canica?”

Para realizar una buena ejecución, es necesario que el niño evaluado se dé cuenta de que el primer personaje (Sally) tiene una creencia falsa respecto a la situación mostrada (ella no sabe que Ana ha cambiado la pelota) y es necesario que distinga ésta de su propia creencia sobre la verdadera localización de la canica, es decir, es imprescindible que se ponga en el lugar de Sally.
En esta prueba original, los niños neurotípicos hasta 4 años dirán que Sally buscará la canica en la caja, pues no tendrán en cuenta otro punto de vista distinto al suyo. Piensan que lo que ellos saben es lo que todo el mundo piensa y sabe. Sin embargo, el 80% de los niños TEA no superaron la prueba.

Las investigaciones a partir de este test no han cesado. Por ejemplo, se sugirió que el mal rendimiento podía deberse a un déficit en la comprensión de la ficción, y no en a ToM (Leslie & Frith, 1988). Entonces se recreó el Test utilizando personas reales en un escenario real en vez de muñecos para representar la situación. El resultado fue que sólo cinco de dieciocho niños autistas de entre cuatro y doce años lograron superarlo con éxito.

Pero hay más. En 2010 los psicólogos Kovács, Téglás y Endress pusieron a prueba la comprensión de las creencias de bebés de sólo siete meses. Se les expuso a una animación en la que un personaje parecido a un Pitufo observa cómo una pelota rueda sobre una mesa. En una de las escenas, la pelota rueda hasta quedar escondida detrás de un rectángulo mientras que en otra sigue rodando hasta desparecer de vista. Luego de familiarizar al bebé con la situación, se le muestra al Pitufo observando a la pelota rodar hasta detrás del rectángulo pero luego se retira y en su ausencia la pelota sigue moviéndose hasta irse de escena.
Según Science, la gran mayoría bebés se quedaron mirando más tiempo cuando el Pitufo iba a buscar la pelota ausente. Ya que el tiempo de atención de la mirada es interpretado como un signo de un hecho inesperado, concluyeron que los bebés se sorprendieron tal como el Pitufo de la ausencia de la pelota, adoptando ese punto de vista y no el propio.

Las investigaciones a partir del original Test de Sally Anne, como vemos, no dejan de ofrecernos conocimiento acerca del funcionamiento de la mente autista, y seguirá haciéndolo en los próximos años.

Bibliografía.
Baron – Cohen, S., Leslie, A. M. & Frith U (1985). Does the autistic child have a theory of mind? Cognition, 21, 37 – 46.
Cererols, R. (2010). Descubrir el Asperger. Pairal.
Palacios, J., Marchesi, A. y Coll, C. (2004). Desarrollo psicológico y educación. 1. Psicología evolutiva. Psicología y Educación. Alianza Editorial.
Méndez García, M. I (2011) La Evaluación de las Habilidades Básicas del Aprendizaje (ABLA) y la “Tarea de Anne y Sally” en la Teoría de la Mente. Universidad de Almería.
Avis López, G (2016) “Más allá de la falsa creencia de Anne y Sally: revisión de las tareas mentalistas en las investigaciones sobre Teoría de la Mente”. Universidad de Salamanca.